Las dos orillas, de Alejandro Palomas



¡Hola, chic@s! Alejandro Palomas ha protagonizado algunas de mis entradas y en ellas siempre destaco el maravilloso autor que es. Reconozco que sigo a pocos escritores de habla hispana, mi corazón es demasiado anglosajón, pero Palomas es uno de mis imprescindibles porque cuando me pierdo en sus historias estas me transmiten muchísimas emociones y sé que no me va a defraudar. Hace unas semanas cogí de la biblioteca Las dos orillas, un cuento que nace gracias a su novela Un perro, y que nos trae de vuelta a los personajes que conocimos tanto en este libro como en Una madre. En esta pequeña historia nos volvemos a reencontrar con Amalia, Silvia, Emma y Fer y en esta ocasión, estos entrañables personajes se reúnen para celebrar el cumpleaños de Fer, el benjamín de la familia. La mesa está preparada y en ella está la Silla de las Ausencias, un lugar reservado para aquellos que ya no están con nosotros y con ella intentan mantener vivo el recuerdo de esos seres queridos que un buen día les dijeron adiós. En el plato que le corresponde a esta silla hay objetos que les pertenecieron o que relacionan con ellos y por desgracia cada miembro de esta particular familiar ha tenido que aportar algo. Bueno, todos… menos Fer. El hijo de Amalia no ha superado la muerte de Max, su perro, y además de esto tampoco conserva nada que perteneciera a su fiel amigo y por este motivo, entre otros, la culpa le corroe. Sin embargo, su tortura puede encontrar consuelo gracias a Rulfo, su fiel compañero en forma de golden retriever, que tiene una bonita sorpresa para él.

Os he dicho que cogí este cuento de la biblioteca, pero me conmovió tanto que la misma noche que terminé de leerlo le escribí un mensaje a mi librería de confianza para que me guardara un ejemplar. Las dos orillas tenía que ser mío y ahora, mientras escribo estas líneas, ya os puedo decir que descansa junto con mis otros libros.

Muchos pensaréis por qué esta historia me ha impactado tanto. Pues bien, este cuento de Palomas relata un tema que muy pocas veces ha sido expuesto y que muchos consideran irrelevante: la superación de la muerte de tu mascota. Leer este relato fue como meterse en mi mente, fue una experiencia muy íntima, como si Alejandro supiera todos mis pensamientos, y el autor nos muestra un paraíso que se convierte automáticamente en una esperanza para aquellos que hemos perdido a nuestros fieles compañeros de viaje. Esta historia no solamente se aplica a los animales sino también a las personas ya que habla de lo que supone la muerte y la ausencia que tenemos que experimentar posteriormente, para más tarde abrazar la aceptación de esta.


Rulfo y Max son los dos absolutos protagonistas de esta historia y Palomas nos muestra este enternecedor cuento a través de una prosa sencilla y directa, que llega al corazón, y que me hizo llorar a mares. Algunos pueden pensar que estamos ante un cuento un tanto remilgado, pero no os encontraréis nada de esto. Al contrario. Las dos orillas es un relato adulto con el que todos nos sentiremos identificados, porque por desgracia muchos nos hemos tenido que enfrentar a la temible pérdida, pero al mismo tiempo su final es de lo más reconfortante. Se lee del tirón y aunque es un cuento muy cortito cuenta una gran historia.

Os recomiendo a todos su lectura porque Alejandro Palomas no decepciona y sus historias siempre consiguen llevarse una parte de ti. Además, el autor no está solo en esta aventura ya que con él se encuentra Fernando Vicente, el encargado de traernos a través de unas preciosas ilustraciones, la hazaña de Max y Rulfo. Ahora espero poder ver a Alejandro en Sant Jordi para que me firme Las dos orillas y Un amor.

¡Nos vemos el 23 de abril!

¡Hasta la próxima!

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Fotos: Casa del Libro

Comentarios

  1. Hola, Laura!
    El año pasado leí "Un hijo" y desde entonces no he vuelto a leer a Palomas. Tengo muchas ganas de hacerme con "Una madre", pero ya sabes que por alguna extraña razón hay libros que uno los va relegando a la posteridad sin quererlo.
    En cuanto a este cuento, se ve preciosísimo. Tengo una gatita desde hace 8 años en casa, y de solo pensar en el día que me falte, me invade una angustia tremenda. Para tener en cuenta estas dos orillas :)
    Un besazo!

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