Dying for Sex (2025)

 

Fuente: Disney +

Corría el año 2020 cuando la actriz Shannen Doherty hizo público que su cáncer de mama había vuelto y esta vez en estadio IV. La protagonista de éxitos como Sensación de vivir y Embrujadas quiso romper con los estereotipos que se crean en torno a los pacientes enfermos de cáncer, afirmando que siguen abrazando la vida y que desean mantenerse en activo el mayor tiempo posible. Debido al estigma de la enfermedad muchos se ven forzados a un retiro impuesto por la sociedad porque, y aunque duela escribirlo, ya no los ven como miembros necesarios de esta. Sin embargo, no debemos olvidar que detrás de cada caso hay una persona y que cada una tiene una historia que contar.

Cuando la ficción habla del cáncer, el relato suele ser más bien convencional, y en él se suele imponer de manera contundente el sufrimiento que trae esta enfermedad. Parece que no existe nada más y esto le resta profundidad a la trama. No obstante, en ocasiones aparecen nuevas historias que rompen con esta estructura y que ponen a la persona, y también sus inquietudes y deseos, en primer plano. Este punto de vista es de lo más refrescante y esto es lo que nos trae Dying for Sex.

Dying for Sex está basada en la vida real de Molly Kochan, una mujer que fue diagnosticada con cáncer de mama metastásico en estadio IV en el año 2015. Cuando Molly recibe el diagnóstico esta decide separarse de su marido y vivir la última etapa de su vida junto a su mejor amiga, pero también, y mucho ojo a esto, tiene en mente algo muy importante que debe hacer cueste lo que cueste: explorar su sexualidad y sentirse satisfecha con ella.

Esta miniserie de 8 capítulos ha sido toda una sorpresa y me ha conmovido más de lo que esperaba. La historia de Molly es muy especial porque el cáncer siempre está ahí, es el inevitable telón de fondo, pero mientras él hace de las suyas en silencio, nuestra protagonista decide experimentar con su sexualidad y descubrir qué es lo que más la satisface, un camino que además la hará desenterrar viejos fantasmas del pasado. En esta travesía la acompañará su mejor amiga, Nikki, que también es su cuidadora y su apoyo constante, y he de decir que la amistad entre estas dos mujeres es el pilar fundamental de toda esta magnífica miniserie. La trama se mueve entre el drama y la comedia de una manera muy natural y ambos géneros se interrumpen de manera inesperada dando paso a situaciones pintorescas y, en algunos casos, esperpénticas que, al mismo tiempo, están llenas de espontaneidad y emoción. 

Molly, Nikki y su indestructible amistad. Fuente: Disney +

Michelle Williams está soberbia como Molly, y su interpretación rompe con la imagen que tenemos de una mujer enferma de cáncer porque toda ella está llena de color y de vida. Es un personaje con muchas aristas y te das cuenta de todo lo que aún tiene que ofrecer. Por otro lado, Jenny Slate da vida a Nikki, el alma gemela de Molly, y su interpretación me ha conmovido porque reivindica muy bien la figura del cuidador al exponer el sufrimiento que padecen en silencio y las renuncias a las que deben hacer frente para estar al pie del cañón. Williams y Slate están rodeadas de un reparto maravilloso al que es imposible no querer y algunos de ellos consiguen despertarte una gran ternura en medio de todo el caos (vigilad de cerca a Esco Jouley, Rob Delaney y David Rasche).

Dying for Sex es una serie sobre la vida y la muerte que te destruye y reconstruye por dentro con una facilidad pasmosa. Es un viaje emotivo, precioso y divertido que debéis experimentar y del que no os arrepentiréis. Por otra parte, no sabéis la alegría que tengo por el reconocimiento que Michelle Williams, mi eterna Jen Lindley, ha conseguido por este papel, ya que se ha hecho con un Globo de Oro y un SAG (Premio del Sindicato de Actores) de manera muy merecida. El Oscar ya lo tendría que haber ganado hace tiempo, pero eso ya es otra historia.

He empezado esta reseña con Shannen Doherty, y su lucha truncada por desmontar los estereotipos que nacen alrededor de los pacientes enfermos de cáncer, porque precisamente Dying for Sex hace justicia a sus palabras. Molly es una protagonista inesperada que rompe con todo y en ningún momento el cáncer la define. No os la perdáis, por favor.

¡Hasta la próxima!

Comentarios

Entradas populares