La bola negra (2026)
| Fuente: Elástica Films |
Hasta el próximo 14 de
marzo, fecha elegida para celebrar la edición número 99 de los premios Oscar,
pueden pasar muchas cosas, pero si las predicciones no se tuercen la última
película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, La
Bola Negra, tiene muchas papeletas para alzarse como una de las grandes vencedoras
de la noche. Diferentes festivales ya han confirmado su éxito entre público y
crítica, y esta semana ha llegado a nuestros cines rodeada de grandes
expectativas.
La película de los
Javis tiene su raíz en La piedra oscura, una
obra teatral de ficción, aunque basada en hechos reales, del poeta y dramaturgo
Alberto Conejero, que nos habla de las últimas horas de Rafael Rodríguez Rapún,
el último amor de Federico García Lorca. Sin embargo, el film de los Javis también
incluye otras dos historias: una que está basada en las pocas páginas de La bola negra, una obra inconclusa debido al asesinato de Lorca en 1936 y cuyo protagonista iba a ser abiertamente gay, y otra totalmente original
que radica en el siglo XXI. Estas tres tramas están conectadas y tienen como
protagonistas a tres Españas diferentes que comparten un vínculo en común: sus personajes principales son homosexuales
(Carlos se encuentra en 1932, Rafael y Sebastián en 1937 y Alberto en 2017).
Muchos creen que estamos ante otra película sobre la Guerra Civil Española,
pero esta idea es errónea y reduciría mucho la complejidad de la historia, ya
que en ella se explora el deseo, el silencio, el miedo, la libertad, la
identidad y la vergüenza. Precisamente la película explora muy bien este
último punto y nos enseña cómo la vergüenza puede arrastrarse a través de
diferentes generaciones para seguir condicionando nuestras vidas. Por ello, el
film de los Javis nos anima a vivir la vida y abrazar quiénes somos, ya que
esta puede ser breve y durar menos que un suspiro.
La
bola negra es una obra maestra, pero también una obra de arte.
El film está lleno de metáforas y símbolos escondidos que
están ahí para hablar de la discriminación, la homofobia y recordar todas
aquellas vidas truncadas por la falta de libertad. Es una película grandiosa y
poética y en cada visionado se pueden descubrir cosas nuevas. Está llena de secretos esperando ser revelados.
Los actores están perfectos, desde el primero hasta el último, pero para mí las grandes
revelaciones han sido Guitarricadelafuente (Sebastián) y Milo Quifes (Carlos).
Del primero ya había leído críticas muy entusiastas, pero lo que hace Quifes es precioso. Su Carlos se mueve constantemente por una fina cuerda que amenaza con
lanzarlo al vacío y su fragilidad es de una belleza extraordinaria. Me ha
emocionado mucho.
La
bola negra es cine en estado puro y te
recuerda por qué amas las películas.
Federico García Lorca no es el protagonista, pero su fantasma y su poesía están
presentes durante toda la narración. Como anécdota, os contaré que ayer la sala
de cine estaba llena y estaba compuesta por personas de todas las edades, algo
que me hizo muy feliz. Cuando llegamos a los créditos finales todos nos quedamos
en silencio y segundos después arrancamos a aplaudir. Muchos nos quedamos
algunos minutos en la sala para asimilar lo que habíamos visto, mientras
intentábamos secarnos disimuladamente las lágrimas, y cuando una película te
hace sentir todo esto es, sencillamente, maravilloso. La bola negra es un recordatorio de cómo el ser humano nunca
aprende del pasado, siempre tropieza dos veces con la misma piedra, y parece
que la memoria histórica no tiene peso alguno. Esta película llega en un
momento especialmente delicado y oscuro, así que espero que la historia de
Carlos, Rafael, Sebastián y Alberto sirva como punto de inflexión y reflexión.
¡Hasta la próxima!


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