Everest 1924, de Sebastián Álvaro

 


Nuestra fiesta ha terminado. Los actores, como ya te dije, eran espíritus y se han disuelto en el aire. En aire leve. Y, cual la obra sin cimientos de esta fantasía, las torres con sus nubes, los regios palacios, los templos solemnes, el inmenso mundo y cuantos lo hereden, todo se disipará. E, igual que se ha disipado mi etérea función, no quedará ni polvo. Somos de la misma sustancia que los sueños y nuestra breve vida culmina en un dormir. – La tempestad, William Shakespeare

 

Mi curiosidad, por no llamarlo obsesión, sobre el enigma de Mallory e Irvine empezó con La febre del cim, de Jon Krakauer, y La llegenda de l’Everest, de Conrad Anker y David Roberts; y esta cadena de libros me ha llevado a Everest 1924, de Sebastián Álvaro, periodista, aventurero y director del mítico programa Al filo de lo imposible.

Everest 1924 explora el misterio de Mallory e Irvine, dos hombres que desaparecieron mientras intentaban alcanzar la cumbre del Everest en 1924. Nunca se ha sabido si llegaron a pisar la cima, este secreto se lo sigue guardando la montaña, pero si esto fuera cierto, tendrían el honor de ser las primeras personas en haber alcanzado el pico más alto del planeta y su hazaña reescribiría por completo la historia del alpinismo.

Este libro es de lo más completo porque no solo vamos a conocer la historia de los dos protagonistas y lo que les pudo suceder aquel fatídico 8 de junio, sino que también va más allá y toca diferentes temas relacionados con la montaña. El primero es una investigación extensa y muy bien documentada sobre los exploradores previos a Mallory e Irvine, unos hombres que empezaron a poner sobre el mapa aquellos lugares que todavía no salían registrados en los planos. En el segundo punto, Sebastián Álvaro hace un análisis psicológico de la figura del alpinista y de su visión acerca de la vida, la muerte, el riesgo y la aventura. En el tercer y último apartado, veremos una exploración del contexto histórico y social de Mallory e Irvine, ya que no debemos olvidar que ambos pertenecían a una generación rota que venía de sufrir una guerra mundial. El texto, que se puede considerar de carácter periodístico, es apasionante, y mi parte favorita es la que está dedicada a Mallory e Irvine porque ellos representan el alpinismo clásico y, de algún modo, también son los últimos eslabones de aquellos exploradores románticos que intentaron plantarle cara a la naturaleza para superarse de esta manera a sí mismos. En estos 100 años sus figuras se han convertido en mito, aunque eso no ha evitado que sufran cierto desprestigio por los métodos y equipos que utilizaron, pero no debemos olvidar que los procedimientos de ahora no son los mismos que había en 1924, y en este caso el autor les da la relevancia que se merecen.

Everest 1924 es un libro que intenta encontrar respuesta al destino de Mallory e Irvine, pero también es un recorrido histórico y personal sobre la montaña y aquellos que se han enamorado de ella. Hay mucha humanidad y poesía en esta historia y siempre que leo sobre ella necesito saber más. Volveré al Everest, no tengo ninguna duda.

¡Hasta la próxima!

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