Les lents blaves, de Daphne du Maurier
La gran Daphne du Maurier
suele ser recordada, fundamentalmente, por su célebre novela Rebeca, pero este libro es solo la punta
del iceberg de una obra literaria realmente fascinante. La autora tiene novelas
inolvidables, pero sus relatos no se quedan atrás, ya que con muy pocas palabras
construye historias que te dejan temblando al llegar al desenlace. Leer a du
Maurier es sinónimo de suspense y nunca sabes con qué te va a sorprender. Cada
lectura es una aventura, y el relato que os traigo hoy vuelve a respaldar esta
afirmación.
Les
lents blaves es un relato de menos de 100 páginas que
tiene como protagonista a Marda West, una mujer que, para no quedarse ciega, se
somete a una cirugía. Después de la operación, la protagonista debe llevar unas
vendas en los ojos, así que durante este tiempo de reposo y recuperación, Marda
West imagina cómo son los rostros de los doctores y las enfermeras que la
atienden tan amablemente. Un día le comunican que le quitarán las vendas y, en
su lugar, le pondrán unos lentes con un filtro azul. Todo son buenas noticias,
pero estos lentes le mostrarán una realidad que no espera.
Les
lents blaves es un thriller psicológico de lo más
perturbador y oscuro que te mantiene con
el corazón en un puño de principio a fin. La autora crea una trama muy original
que incomoda desde el momento en el que el personaje se pone los infames lentes,
ya que transmite muy bien la asfixia, la desesperación y la paranoia que se apoderan de la protagonista. No quiero desvelar nada de la historia, pero el cuento gira en torno a cómo las personas ocultan su verdadera naturaleza cuando quieren alcanzar sus propósitos más oscuros. Daphne du Maurier expone esta hipocresía de
manera magistral y siniestra, y su final me ha dejado con la boca abierta.
Se suele decir que el
arte de escribir consiste en decir mucho con muy pocas palabras, y Daphne du
Maurier es una experta en este arte. Es un relato magnífico y en él se podría
aplicar ese refrán que dice: Ojos que no
ven, corazón que no siente.
¡Hasta la próxima!


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